Para muchos viajeros, el otoño es la mejor época para ir a Japón: el calor se va, el aire es seco y en noviembre llegan las hojas rojas del koyo. Aquí tienes qué esperar de septiembre a noviembre, mes a mes.
Otoño en Japón (septiembre – noviembre)
El otoño es, para muchos viajeros experimentados, la mejor temporada para visitar Japón. El calor del verano ha desaparecido, el aire es seco y fresco, y el país empieza a teñirse de colores cálidos a medida que avanza noviembre. Los precios son intermedios y el turismo es manejable, especialmente en octubre.
Octubre: el mes del equilibrio perfecto
Octubre reúne todo lo que se puede pedir a un mes de viaje: temperaturas de 15–25 °C, días soleados, poca lluvia y una actividad turística que no ha llegado al pico del koyo. Es el mes con mejor equilibrio del año. Los precios de vuelos y hoteles son más bajos que en primavera, pero el clima es casi igual de agradable. Si tienes flexibilidad de fechas, octubre es la respuesta.
Noviembre: el koyo
El koyo (cambio de color de las hojas) es el equivalente otoñal del sakura. Los arces japoneses (momiji) se vuelven de un rojo intenso que convierte jardines y templos en escenas extraordinarias. En Tokio y Kioto el pico suele caer a mediados o finales de noviembre, y en las zonas más cálidas y al sur el color aguanta hasta principios de diciembre; en la montaña y el norte (Nikko, Tohoku, Hokkaido) llega antes, ya en octubre. Los puntos clásicos son los jardines de Kioto (Eikan-do, Tofuku-ji, Arashiyama), el Parque Rikugien de Tokio y el valle de Nikko. Noviembre es el segundo mes más concurrido del año después de abril —en Kioto, incluso más que en abril— y los precios suben respecto a octubre. Para las fechas región por región y los mejores lugares, consulta la guía del momiji en Japón.
Septiembre: el verano que se despide
Septiembre sigue siendo caluroso y húmedo en las primeras semanas. El calor va cediendo gradualmente hacia final de mes. El turismo cae tras Obon y los precios son relativamente bajos. Es un mes para quienes buscan la transición entre el verano y el otoño, con algunas jornadas más frescas y muchos destinos menos concurridos que en las temporadas pico.
