Una de las grandes sorpresas de Japón es la cantidad de experiencias memorables que no cuestan nada. Muchos de los lugares más icónicos del país tienen entrada gratuita o cobran 200–500 ¥ (1–3 €).
Espacios urbanos gratuitos
El cruce de Shibuya —el más transitado del mundo— se ve gratis desde la calle. El barrio de Shinjuku, con sus callejones de neones y Kabukichō, es de acceso libre. En Kioto, el barrio de Gion y el camino de Higashiyama son peatonales y sin coste. Dotonbori en Osaka, igual. El mercado cubierto Nishiki en Kioto y el Tsukiji exterior en Tokio son también gratuitos.
Templos y santuarios destacados gratis
El Santuario Fushimi Inari (túneles de torii naranjas) abre las 24 horas y es completamente gratuito. El Santuario Meiji en Tokio, también. El Santuario Asakusa (Senso-ji), el más visitado de Tokio, no cobra entrada al recinto principal. El Castillo de Osaka tiene jardines exteriores gratuitos, aunque el interior cobra ~5 €.
Naturaleza y parques
El Parque Yoyogi en Tokio, el Parque Maruyama en Kioto y el Parque de los Ciervos en Nara son gratuitos. En temporada de sakura estos parques se convierten en los escenarios más bonitos del país. Caminar por el bosque de bambú de Sagano (Arashiyama, Kioto) tampoco cuesta nada —el túnel principal es público aunque hay zonas privadas de pago alrededor.
Dos ahorros pequeños que suman
El agua del grifo es potable en todo Japón. Lleva una botella reutilizable y rellénala en el hotel, restaurantes o fuentes públicas; te ahorras varios euros al día en agua embotellada. Y para los días sueltos sin alojamiento (llegada o salida), usa las taquillas (coin lockers) de las estaciones: dejar las maletas cuesta unos 300–700 ¥ (2–4 €), mucho menos que pagar una noche extra de hotel o cargar con el equipaje todo el día.