La ruta clásica: Tokio, Kioto y Osaka
Cualquier itinerario por Japón empieza y acaba en estas tres ciudades. No es una convención arbitraria: es la lógica del país. Tokio concentra la modernidad más extrema del mundo, el transporte más eficiente de Asia y el mejor punto de entrada para aclimatarse al jet lag. Kioto es la contrapartida histórica: mil templos, el barrio de geishas de Gion, el bosque de bambú de Arashiyama y el corredor de torii de Fushimi Inari. Osaka cierra el viaje con su energía gastronómica, los mercados de Namba y la vida nocturna en Dotonbori.
Las tres ciudades están conectadas entre sí por el Shinkansen: Tokio–Kioto se hace en 2 horas y 15 minutos, y Kioto–Osaka en apenas 15 minutos. Esta proximidad es lo que hace tan eficiente la ruta: no hay que elegir entre una u otra, se pueden combinar con facilidad.
A esta base se pueden añadir extensiones según el tiempo disponible. Las más habituales son:
- Nara — a 45 minutos de Kioto u Osaka en tren; ciervos libres, el Gran Buda de bronce más grande de Japón y templos en plena naturaleza. Funciona perfectamente como excursión de un día desde Kioto.
- Hakone — a 90 minutos de Tokio en el tren Romancecar; el lugar más accesible para ver el monte Fuji, aguas termales y vistas sobre el lago Ashi.
- Hiroshima y Miyajima — a 45 minutos de Osaka en Shinkansen; la memoria histórica del país y el torii flotante de la isla de Miyajima en una combinación que difícilmente se olvida.
- Kamakura — a 1 hora de Tokio en tren local; el Gran Buda al aire libre, templos entre montañas y una costa tranquila que contrasta con la capital.